
Cuando se le pregunta a un empresario, cuál es el fin último de su empresa, lo más probable es que responda que es el lucro. Sin embargo, cuando iniciamos un análisis cartesiano y nos vamos más al fondo y nos preguntamos acerca de la finalidad de este lucro, su “para qué” o el “para quién”, veremos que el fin último está en las personas. Sin duda que una empresa para poder existir debe lucrar, pero este dinero no tiene sentido en sí mismo, sino que siempre será para algo, será un medio, pero al final estos recursos siempre recaerán sobre una persona o varias. Sin personas no hay empresas, por lo que las empresas nacen y existen para ellas.
Desgraciadamente, son poco los que conciben las organizaciones de esta manera, y muchas veces, y a causa de un mercado cada vez más competitivo y globalizado, se deja a éstas en el último eslabón de las prioridades. Y así es como muchas compañías se deshumanizan. La idea es lograr el justo equilibrio entre las utilidades y la calidad de vida de las personas. Y para esto, no son necesarias grandes sumas de dinero. Muchas veces basta con hacer pequeñas modificaciones, que no requieren de grandes inversiones, sino más bien de estar atentos a las necesidades de los trabajadores.
Hay algunas compañías que le entregan una cantidad de puntos al año a sus trabajadores, los que se traducen en distintos beneficios: medio día libre para asistir a alguna celebración del colegio de tus hijos o sobrinos, medio día libre para realizar trámites, algunos viernes salir más temprano, un día libre para cualquier propósito, etc… Todos ellos beneficios que para la empresa no representan un gran costo, sino todo lo contrario, puede significar tener trabajadores más contentos.
Lo importante eso sí a tener en cuenta es que primero debes preguntarles qué es lo más importante para ellos, para que estos beneficios no sean genéricos, sino que sean relevantes de acuerdo a las necesidades de las personas. Esto dependerá del rubro de la empresa y de otros factores. Por ejemplo, un ejecutivo de un banco que trabaja en una sucursal que le queda a 1 hora de su casa, más que un día libre, valorará más que se le traslade a la filial que está más cerca de su casa. Esto tendrá un impacto directo en su calidad de vida, ya que bajará los tiempos y costos de traslado.
Estos pequeños cambios, que no requieren de grandes sumas de dinero, pueden hacer la diferencia entre una compañía y otra. Así como un buen ambiente de trabajo hace a las personas más felices; muchas veces hay personas que están dispuestas a ganar un poco menos por estar en un lugar con mejor clima laboral. Según el informe desarrollado por el Instituto Coca-Cola de la Felicidad, entre las personas que se consideran felices, un 82% tiene una buena relación con sus compañeros. También se declaran más felices los empleados que mantienen una buena relación con sus jefes. El 72,1% de los que afirman ser muy felices dice llevarse bien con su superior. Asimismo, dice el estudio que es más feliz quien está contento con su empresa. El 76,5% de las personas muy felices tiene una buena valoración de su empresa.
En síntesis, una buena empresa tiene empleados más felices, por tanto, más comprometidos, y personas más comprometidas hacen mejor su trabajo y son capaces de generar mayores utilidades para las empresas.




