
Una ranita recorre saltando un profundo surco dejado por un tractor. La otra la ve abajo y le grita:
-¡He! ¿Qué estás haciendo ahí abajo? Aquí arriba se está mucho mejor, hay más comida.
-No puedo subir -le responde la otra
-Déjame ayudarte -le ofrece la de arriba.
-No déjame en paz. Aquí estoy bien, hay comida.
-De acuerdo, pero aquí arriba hay mucho más espacio para explorar y para moverse - dice la otra rana-.
-Aquí abajo tengo todo el espacio que necesito -mantiene la de abajo-.
-¿Y qué me dices de relacionarte con otras ranas? -argumenta la de arriba-.
-De vez en cuando bajan algunas hasta aquí, y si no, puedo gritarles a mis amigas de ahí arriba.
Finalmente, la rana de arriba abandona su empeño y se va, dando brincos.
Al día siguiente, ante su sorpresa, se encuentra con la rana de abajo saltando a su lado.
-Oye - le grita- creí que ibas a quedarte en ese surco. ¿Qué ha pasado?
- ¡Que venía un camión!
Algunas personas necesitan el equivalente a un camión para moverse.
(Extraído del libro Coaching con PNL - Joseph O´Connor, Andrea Lages)
Me encantó esta historia por el mensaje que nos deja. Lo relaciono con lo que una amiga mía, Caroline Ward (Autora del libro: Las cuatro caras de la Mujer) me dijo alguna vez, algo que encontré muy sabio, que los mensajes que nos dicen que tenemos que cambiar nos suelen llegar de tres formas: como plumas, como ladrillos, o como tranvías; y a veces esperamos a que sea un tranvía el que nos arrolle para levantarnos y reconstruirnos.
Entonces cambiamos porque nos vemos obligados a hacerlo, tal vez el ladrillo no fue lo suficientemente doloroso como para hacernos despertar y la pluma casi fue una caricia, entonces nos queda sólo el tranvía que nos arrolla. Pero claro que la pregunta inicial sería si realmente queremos cambiar o estamos tranquilos en la zona donde estamos. Muchas veces optamos por quedarnos donde estamos, por que es menos riesgoso, porque da como flojera, porque el beneficio monetario que recibimos por algo que hacemos - aunque no nos guste - es muy bueno o porque los hábitos antiguos están tan arraigados que creemos que costará mucho modificarlos, hasta que el "moverse" es forzado y eso nos cuesta y nos duele más que hacerlo por voluntad propia.
La invitación es a tener un momento donde podamos sincerarnos y conversar con nosotros mismos, nadie más está ahí, solo nosotros con nuestros propios pensamientos, sueños, decepciones, análisis, etc. No me refiero a la ya conocida reunión semanal, que si bien es un espacio ideal de reflexión, porque nos ayuda a focalizar respecto de las tareas que debemos realizar para cumplir con los objetivos trazados, me refiero a una invitación para poder anticiparnos respecto de lo que viene a futuro, una invitación a revisarnos cada cierto tiempo a fin de leer los mensajes que la vida misma nos pone en el camino. A vernos descarnadamente y reflexionar sobre lo que estamos haciendo, hablo de realizar un ejercicio no sólo productivo sino profundo, donde tengamos la posibilidad de detenernos, mirarnos y escucharnos: ¿Qué cosas de las que están ocurriendo hoy no me gustan? ¿Con qué situaciones me estoy sintiendo incómoda? ¿Qué aspectos míos aun están inmaduros y necesitan crecer? ¿Qué quiero mantener? ¿Qué cosas me están diciendo que estoy entrando a una etapa de obsolescencia? ¿Qué valor agregado deseo entregar con lo que hago? ¿Qué puedo cambiar para ser mejor en determinado espacio de mi vida? ¿Qué estoy dispuesta a hacer para mejorar aquello?
Yo creo que sabemos muchas de estas respuesta, solo que a veces por temor no las hacemos, preferimos "No ver" o creer que no estamos viendo, porque eso es más fácil que aceptar que algo sucede y más fácil que tener que trabajar en el momento en lo que necesitamos cambiar… ¿Tenemos la fantasía que las cosas pueden suceder casi sin darnos cuenta? Esperemos que no…
Este es sólo un mensaje para reflexionar, no pretendo dejar ninguna enseñanza, siento que ha sido incluso un ejercicio de introspección para mi también.




